Entrevista exclusiva a Mostruo!: “El under es una condición de facto”

   El grupo conformado por Kubilai Medina, Lucas Finocchi, Gabriel Ricci y Luciano Mutinelli celebra diez años de vida con el lanzamiento de Profunda Desorganización, su nuevo disco de estudio. Yo Soy la Morsa se tomó la costera y cayó en la Ciudad de las Diagonales para ver qué onda con una de las deidades más adoradas del under platense.

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Lanzado hace menos de un mes, Profunda Desorganización es un salto de calidad en la discografía de una banda que viene labrando su década ganada a base de quemar las suelas al costado de Camino General Belgrano. A este nuevo disco – que viene a desarmar la trilogía compuesta por Grosso (2007), La Nueva Gran Cosa (2009) y Perfecto (2011) – sus miembros lo definen como su álbum más maduro, mientras que los medios especializados que pululan por la sinergia de la red se afanan en subrayar el carácter “existencial” del mismo. “Quizás sea un disco en el que vayamos mas al hueso en algunas cuestiones, y estemos menos miedosos de decir que somos una manga de neuróticos fallados preguntándose cómo seguir con el día a día”, se paran de mano sus integrantes, ponderando quizás inconscientemente el mismo método que los llevó a hacerse un nombre en el circuito musical independiente: perder el miedo.

Una de las particularidades interesantes de Mostruo! es que esa relación con la independencia artística no devino en la tan saturada dependencia estética del sonido indie (copias de mala muerte de El Mató a un Policía Motorizado no escasean, precisamente). En cambio, en el repertorio de la banda no falta ni funk, ni r&b ni blues, todas negras todas que bailan al compás del rock/pop -sí, en ese orden- que conforma el núcleo duro (Ricci y Mutinelli es igual a bajo y batería) de las composiciones, y que llevan la estampa vocal de Medina y Finocchi: “A todos nos gusta la música que no dependa de una estética sino de su contenido. Por eso las canciones mandan por sobre los géneros”, sueltan cabos.

ENTREVISTA

   – ¿Cuándo y bajo qué circunstancias se formó Mostruo!?

– Era octubre de 2004 y llegaba el verano. Kubilai tenía una pelopincho y una batería en su casa. Hacía poco se había desarmado la banda que compartían con Luciano y algo había que hacer. Entre la efervescencia de la primavera/verano, las cervezas y asados en el fondo de la casa y la energía que produjo el encuentro de personalidades tan distintas, no podía pasar otra cosa que crear un monstruo. Tan así fue que en marzo de 2005 fuimos al estudio de un amigo y grabamos “Corto” (su primer ep), antes de tocar por primera vez en vivo.

 – ¿Cuáles son sus músicos y estilos favoritos?

– A todos nos gusta la música que no dependa de una estética sino de su contenido. Por eso las canciones mandan por sobre los géneros. Ahí están los obvios, de acá y de allá, desde los Beatles a Spinetta. Por ahí en Wilco se puede encontrar el punto más cercano en gustos, y es algo que aún existe. Lo cual no implica que queramos ser Wilco, pese a que en vivo tocamos “I Hate it here”. Quien nos escuche también puede sacar como conclusión que estilísticamente no estamos limitados. Todo está al servicio de lo que la canción pida. Así como también hay canciones al servicio de lo que queremos tocar.

 – Hablando de ese tipo de límites, lograron trascender en la escena under sin la necesidad de magnetizarse al sonido característico del indie ¿Cómo lo lograron?

– Bueno, el under es una condición de facto… La trascendencia se da por el valor que obtenga la obra. Nosotros no elegimos el under, tampoco elegimos el “mainstream”. En estos tiempos, donde no hay industria discográfica para motorizar la difusión, pasar de 200 a 1000 personas es cada vez más difícil. Dando ese salto, es posible trascender a la ciudad y hacer sustentable a la banda, paso previo indispensable para ser un grupo conocido. Pero no fue el objetivo de la banda pertenecer a priori a ninguna movida.

Con respecto al sonido indie, es más una generalización que suele hacer la prensa especializada. Siempre nos resultó extraño el combo al que nos ataron cuando arrancamos, éramos todos muy distintos y lo seguimos siendo. Hay una generación que le perdió el miedo a la exposición, y entonces salieron cantantes y guitarristas que mucho no afinaban pero grabaron igual, y eso es una condición general del arte, arriesgarse. Pero creemos que tuvo mas que ver con el atrevimiento que con una búsqueda estética, después de eso vino mucha gente a copiar la forma y ahí ya los resultados son mas discutibles, como pasa muchas veces acá, con las copias de Los Redondos.

Nosotros tenemos el sueño de sonar siempre mejor y cada vez más cerca de los discos que admiramos, como “Sky blue sky” (Wilko) o “Marquee moon” (Television). Laburamos mucho para lograr eso en los discos, no hay mucho más que eso.

 – ¿Creyeron alguna vez que esta variedad sonora podía devenir en disminución de audiencia al no estar encasillados en un solo estilo?

– Por lo dicho antes, creo que queda claro que la banda no calcula mucho sus pasos. Porque también nos cuesta distinguir las “escenas”, tendencias y públicos. A nosotros nos mueve las ganas de tocar, de grabar y de hacer shows. Cuanta más gente haya, mejor. Pero nos cuesta darle lugar a un manager, o a alguien que tenga un plan. Y sí, son necesarios, pero al mismo tiempo la libertad de hacer lo que hacemos como queremos es de difícil negociación… Por no decir imposible. Rogamos por alguien que nos diga dónde y cómo ir, pero como no lo encontramos, seguimos así… en modo Mostruo!.

Foto: Fernando Massobrio

Foto: Fernando Massobrio

 – ¿Qué representa para ustedes la escena platense?

– La Plata es una ciudad atípica en el sentido de que ha construido público. Y eso es genial. No hay shows vacíos, y menos para un grupo de bandas que tienen ya su tiempo, aunque hay una especie de Primera A, B y C, con ascensos y descensos. Y con leer cualquier publicación dedicada al rock uno se va a encontrar con buenos shows cada fin de semana. Quizás en los últimos tiempos haya algo más de atención por parte de quienes buscan negocio y los políticos, pero – como siempre – tarde, torpe e ineficazmente. Hace falta consolidar la escena, pero no se nos ocurre cómo… Mientras tanto, para nosotros es la ciudad en la que podemos hacer 20 recitales en un año y en todos ellos hay público cantando las canciones. Es algo medio idílico, soñado en algún punto.

 – ¿Qué es lo que no falta en un show de Mostruo!?

– En La Plata, gente. Y en cualquier show, cuatro tipos tocando seguros de por qué lo hacen disfrutándolo mucho. Mostruo! en vivo potencia lo que se grabó.

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Captura del show del pasado 15 de diciembre en el teatro Orlando Goñi, Capital Federal.

 

   – ¿Es “Profunda Desorganización” un disco con mayor producción que los anteriores?

– Se puede decir que es el disco de la madurez. Ya no hay guiños atacando las poses del rock, ni tanta ironía… Desde lo musical, hay una evolución que busca que la canción llegue a su mejor expresión, además de dejar actuar a Alfredo Calvelo, quien siempre nos grabó, pero que esta vez le cedimos la producción artística. Y eso un poco nos sacó el peso de decidir todo y aceptar ideas que no hubiésemos aceptado de nosotros mismos. Además, en lo concreto hubo más laburo: trabajamos mucho más los arreglos, mangueamos instrumentos, pensamos más los coros, y nos comprometimos de otra manera. Está buenísimo si se nota, porque esa era la búsqueda, que sea un volantazo a otra cosa a partir de un salto de calidad.

 – En más de un sitio leí que este es su disco más “existencial”. ¿Qué opinan de esta caracterización?
– En este disco hay más canciones en los que la letra es la protagonista y la banda le puso la ropa… Quizás al tener más producción también sumó algo de maquillaje y photoshop. Quizás sea Profunda Desorganización un disco en el que vayamos más al hueso en algunas cuestiones, y estemos menos miedosos de decir que somos una manga de neuróticos fallados preguntándose cómo seguir con el día a día.

 – ¿Qué tan influyente es para ustedes el primer rock argentino? ¿Creen que se lo valora lo suficiente en la actualidad?

– En el caso nuestro, por edades y también por cuestiones familiares siempre estuvo presente (Kubilai es hijo del bajista de Manal Alejandro Medina, leyenda viva del rock fundacional argento) pero no se piensa en eso en el momento de hacer algo… Es más inconsciente, además de ir en el ADN. Y sí que se lo valora, siempre salen películas y documentales que así lo demuestran. Es cierto que no hay un Edelmiro Molinari en el Personal Fest, y suena raro pensarlo, pero cuando ves el line up de un festival inglés y aparece uno de los Kinks nadie dice nada, es triste pero es parte de nuestra cultura ir desechando las cosas, también es cierto que el que no cambia se muere y somos muy crueles para hacerlo notar.

 – Por último, ¿Qué opinan de la escena musical que hoy predomina en el rock local?

– Vemos una escena independiente que tiene para todos los gustos, y que cada vez suena mejor. Hay de todo, basta recorrer Bandcamp o escuchar radios como Universidad o Provincia en La Plata para darte cuenta de que es un gran momento para la música argentina en general, solo que la industria no lo ve o no le rinde ir a buscar algo nuevo y apoyarlo. En el mainstream sin Cerati y El Flaco, hemos quedado huérfanos de esos tipos que te hacían pensar, que como compositores eran infalibles, que estaban por encima de la media. Las bandas que se consideran hoy como líderes, lo son y hay mucha gente que las sigue pero no hay un cantante que te mueva el corazón o un guitarrista que destrabe algo, y son fórmulas que ya cumplen décadas. Ojalá en algún momento algún sello grande se arriesgue un poco y apueste a un proyecto no tan literal… Hay que ver también si como público somos capaces de aceptarlo.

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Foto: Fernando Massobrio

 

Entrevista exclusiva a Eruca Sativa: Desde Córdoba con distorsión.

Nota publicada el miércoles 29 de mayo en el Suplemento Cultural Yo Soy La Morsa.

Nota publicada el miércoles 29 de mayo en el Suplemento Cultural Yo Soy La Morsa.

Doce menos cuarto de la noche. Parados al borde del andén de la estación de Lanús, Martín  y yo debatimos sobre cosas no tan importantes como el significado de la vida y el devenir del ser humano.  Interrumpiéndonos, un guarda nos informa que no queda más que un tren que nos saque de la tumultuosa e inhóspita Ciudad de las Inundaciones. Nuestra entrevista con los protagonistas de esta nota estaba pactada inicialmente para medianoche. Sabiendo que el llegar a tiempo era una empresa imposible, trato de ubicar a Pablo, el manager de la banda y mi único contacto para llegar a los muchachos. “Por favor, deje un mensaje después del tono”. Sin peor respuesta posible que aquella, me dispongo a desear no haber nacido nunca. La oportunidad de entrevistar a una de las bandas emergentes más importantes de la escena nacional, desperdiciada.  Sin ya nada que perder, nos estamos por retirar de la estación, para volver a casa…

De repente, un halo de luz brillante ilumina nuestras caras: Era el último Roca de la noche, la tan preciada formación que tanto estábamos esperando. Sin pensarlo mucho, nos metimos en el vagón y salimos con destino a Temperley, en donde tendríamos que hacer combinación con el tren destino a Glew, si es que todavía quedaba alguno.

Luego de cuatro estaciones, nos encontrarnos en la gigantesca estación de Temperley, en donde todos los ramales de la Línea General Roca confluyen. Del otro lado del andén vemos un Glew a punto de partir y, más jugados que nunca, nos mandamos dentro. Las puertas se cierran lentamente, y la formación comienza su lenta pero segura marcha.

Medianoche. En medio del trayecto y a la hora señalada para la entrevista intento comunicarme una vez más con Pablo, para decirle que estamos en camino. “Por favor, deje un mensaje después del tono”. La voz de la contestadora aturdió mis oídos una vez más, dejando en claro de una vez por todas que este viaje parecía ser en vano. Lo peor era que más allá de que no llegásemos ni a realizar la entrevista ni a poder acceder al show, no tendríamos forma de volver a casa, quedándonos varados hasta que el transporte público volviese a funcionar…

Luego de pasar por la estación de Adrogué, el tren se para,  y un cartel nos indica que efectivamente estamos en Burzaco. Sin saber si lo que vamos a hacer tiene algún sentido, nos bajamos y nos disponemos a buscar el famoso Teatro Independiente.

Doce y veinte de la noche. Luego de ir dando tumbos por las calles aledañas a la estación, nos topamos con un grupo de fans de la banda que nos indican cómo llegar al lugar en cuestión. Resulta que el Teatro Independiente no le debe su nombre a una cuestión meramente under, sino que se llama así ya que pertenece al Club Atlético Independiente de Burzaco. Dirigiéndonos hacia la calle Pellegrini, las ansias comenzaban a subir…

Parados a la altura 557, llegamos a lo que parece ser la entrada del club. Entre muchas caras está la de Pablo, que me recibe cordialmente y, pese a que llegamos media hora tarde, me avisa que está por ir a buscar a los muchachos para hacer la nota. Mientras nos volvía el alma al cuerpo, hacemos tiempo disfrutando del show de Utopians, que está tocando la canción que da nombre a su último trabajo y que define muy bien la esencia de la emergente banda: Trastornados.

De pronto, allí están ellos: Los Eruca Sativa: Lula Bertoldi (guitarra y voz), Brenda Martín (Bajo y Coros) y Gabriel Pedernera (Batería), luciendo unas descomunales sonrisas. Saludándonos, nos invitan a pasar a la suerte de camarín que el club ofrece a los artistas cada vez que un show se realiza en sus instalaciones. Mientras Utopians sigue sonando de fondo, el grabador se enciende…

El autor destaca una gran humildad por parte de los integrantes de la banda.

En sus composiciones encontramos un nivel de complejidad musical que suele estar por encima de la media de bandas de rock argentino de la actualidad. ¿Por qué creen que sus canciones pegaron en el público sin la necesidad de estar limitadas musicalmente?

Lula: No sabría decirte si  el resto de las bandas son limitadas. Creo que cada banda tiene un lenguaje, el nuestro es este. Encontramos nuestra forma de expresarnos tanto lirica como musicalmente. Por momento si, capaz que somos complejos, utilizamos cosas que quizás no se suelen usar. Y es forma parte de nuestro lenguaje, ahí encontramos nuestra personalidad. Me parece genial que haya bandas para todos los gustos, y está bueno esa variedad  que a la gente le guste una banda que no utilice arreglos como los nuestros y una que si lo utiliza como la nuestra.

¿Consideran que a las bandas del interior no les queda otra alternativa que migrar a Buenos Aires para emerger del under?

Gabriel: Depende, me parece que el camino de cada banda depende también de los objetivos que se planteen. No es necesario nada, ni mudarse ni quedarse. Depende de lo que vos quieras para tu carrera y para el grupo, no solo humano, sino profesionalmente. Si vos querés seguir tocando en el mismo pueblito al que pertenecés, es completamente válido y es una propuesta artística totalmente válida. Por lo menos, en nuestro caso, decidimos que agotamos todos los recursos posibles que teníamos en Córdoba, y decidimos inventar el cambio, inventar otra ciudad, inventar otro público, implementar otra forma de laburo,  y poner nuestra sede de trabajo en Capital Federal. De todas maneras, seguimos viajando mucho por todo el país, que eso también lo hacíamos cuando estábamos Córdoba.

 

Sonrisas. Esas nunca faltan en los shows de Eruca Sativa.

Sonrisas. Esas nunca faltan en los shows de Eruca Sativa.

¿Por qué decidieron llamar “Blanco” al disco?

Brenda: El término “Blanco” surgió bajo la idea de que tenga un múltiple mensaje. Nos gustaba la idea del blanco como de limpio, como estar en cero, en armonía, como cuando uno nace: es decir, estar sin nada. Y después, cuando uno se va transformando, se va convirtiendo en un blanco de tiro donde te apuntan un montón de cosas, como los medios, la información, y un montón de condicionamientos como la familia, la sociedad y la cultura. También está la idea de tener la mente en blanco. Pero volviendo a la idea de “blanco” como sinónimo de estar en cero, cuando nosotros tratamos de mirarnos desde afuera, sentimos que estamos terminando una etapa, y que estamos como en cero, y tiene que ver con eso, con empezar algo nuevo, lo que se viene.

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Vienen de tocar en Las Flores en el marco del festival Bike Skater Rockea, ¿Qué balance hacen del show?

Brenda: ¡Estuvo buenísimo! Fue una experiencia re linda, estuvimos en Luján primero, y después en Las Flores, y próximamente vamos a estar en alguna otra fecha de esas. Estuvo muy bueno ser parte, que nos tengan en cuenta para formar parte de esta grilla, y nos permite a  nosotros también tocar para un público que capaz no nos iría ver en otras circunstancias. Los eventos son abiertos a todo público, van muchos chicos y adultos y de todo tipos de ambientes.

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¿Qué se sintió compartir escenario junto a Fabi Cantilo dentro de este festival?

Lula: Bueno, eso estuvo increíble, eso fue el primer día, en Luján. Y  pegamos tanta buena onda que quedamos para el fin de semana siguiente en Las Flores. Con Fabi estuvimos tocando un tema juntos y estuvo buenísimo. Nosotros la admiramos mucho ella, es una de las mujeres íconos del Rock Nacional, y fue muy importante para nosotros. Pensamos que algo especial  hizo en la vida para que compartamos escenario con una referente como Fabi. En sí estuvo muy bueno, y lo disfrutamos un montón.

¿Tocaron alguna vez en zona sur?

 Brenda: En Zona sur tocamos varias veces. Uno de los primeros lugares en los que tocamos en Provincia fue en Lanús, tocamos en Summun Bar. También tocamos en Adrogué y Quilmes.

¿Cuál fue el show que mejor recuerden tocando por estos lados?

Gabriel: Yo creo que cuando habíamos tocado en el otro Peteco´s, en Adrogué. Fue la segunda o tercera vez que tocábamos en el Sur y la verdad es que estuvo muy bueno, siempre que venimos nos reciben muy bien.

Foto: debrown.com.ar

Foto: debrown.com.ar

 ¿Qué nos pueden adelantar sobre el futuro de la banda?

Gabriel: Tenemos muchas ganas de seguir tocando este disco que salió hace muy poco, creemos que no lo hemos tocado lo suficiente. Blanco salió recién en noviembre del año pasado y creo que aún le queda un largo camino. Tenemos muchas ganas de tocar y seguir tocando y llevando nuestra música a todos lados.

Terminada la entrevista, los chicos nos saludan afectivamente y nos agradecen por la posibilidad de haber realizado la nota. Con la enorme humildad que caracteriza a estos tres chicos del Interior, se van a terminar de ver el show de Utopians que, en palabras de Lula: “Está buenísimo”.

Martín y yo nos disponemos a seguir a los chicos, y nos vamos al sector del teatro, en donde los Utopians están quemando sus últimos cartuchos…

Utopians es una de las bandas que, junto a Eruca Sativa, están liderando la escena under y no tan under del Rock Argentino. Conformada por Barbi Recanati (cantante y guitarrista) Gus fIocchi (guitarra), Larry Fus (baterista) y Mario Romero (Bajista), Utopians viene girando desde 2005. Han sido invitados a tocar en Inglaterra, Francia y España. En 2012, bajo la producción de PopArt lanzan “Trastornados”, su más reciente placa, la cual los catapultó a ese estado transitorio entre lo más alto del under y los cimientos del mainstream.

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Utopians haciendo vibrar el Independiente. Foto: debrown.com.ar

Una y media de la madrugada. El show de Utopians llega a su fin, y con él comienzan a crecer las expectativas por el inminente comienzo de la presentación de nuestros protagonistas. Mientras los plomos terminan de acomodar los instrumentos y probar sonido, Martín se va acomodando entre las primeras filas para capturar las fotos que acompañan esta nota.

De pronto, vemos aparecer a Lula, Brenda y Gabriel, y el público se deshace las manos en aplausos para recibirlos. Una vez acomodados, y con Fuera o Más Allá (el tema que abre el disco “Blanco”) como apertura, el ritual de La Carne se inicia…

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El show contó con las canciones más influyentes en la historia del grupo, un cover y la reproducción de todas las piezas de su flamante tercer álbum: Blanco.

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 Estilos e influencias

Escuchando a Eruca Sativa podemos encontrar aires a Rock progresivo, Grunge, Funk y riffs que nos recuerdan por momentos a Led Zeppelin y a muchas bandas de Rock Clásico.

Ellos mismos definen el estilo musical de la banda como Rock de Fusión. Fusión en el sentido de integrar más de un género musical a la personalidad del grupo. Otra de las características distintivas de Eruca es el constante cambio de tempo en sus canciones.

Aquí podemos trazar un paralelo con el significado del nombre de la banda: Originalmente, el grupo se llamaba Oruga, bajo los conceptos de cambio y transformación en los cuales  la banda se veía constantemente sometida. Como no les gustaba mucho, decidieron cambiarlo por Eruca Sativa, que es el nombre científico de la rúcula, aquella planta que en algunos países se conoce como oruga.

En lo estilístico, Lula es la encargada de crear las distorsionadas e impulsivas melodías que definen el eléctrico estilo de la banda. Sus riffs son de una carga muy pesada y son los culpables de que las canciones de Eruca posean tanta onda y una personalidad tan particular.

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Otra de las características distintivas de Eruca Sativa son las poderosas líneas de bajo a cargo de Brenda que no solo se encargan de dirigir rítmicamente el espíritu de la banda, sino que se apoderan de tus oídos convirtiéndose en el instrumento principal de muchas composiciones del grupo, puesto que suele estar siempre ocupado por la guitarra en la gran mayoría de las bandas de la escena nacional.

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Mención aparte por la destreza de Gabriel frente a los parches. Este niño prodigio que comenzó a estudiar batería a la temprana edad de ocho años cuenta entre su extenso CV la dicha ser  músico de cesión, al haberse desempeñado en grupos de Jazz, Pop, Rock y Folclore. También es profesor de batería productor artístico de diversas bandas de Pop y Rock.

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Comienza a sonar Eco, segunda pieza de Blanco y segunda canción del show, que entra perfectamente sincronizado con el final de Fuera o más Allá. De repente,  Se hace un breve silencio. Pasados unos segundos, comienza a sonar el ascendente riff de La Carne, aquella canción que supo ser el primer hit de la banda y que da nombre a su primer disco. Un bipolar cover de Eleanor Rigby de Los Beatles ensombrece a la vez que electrifica a todas las almas que copan el Independiente, con una Lula que, aunque canta en el idioma original de la composición firmada por Lennon/MacCartney, lo hace con una rabia tal que parece que hablara en su lengua materna.

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Guitarras de cartón es otro de los highlights de la noche. Cantado a dúo con Fito Páez en la versión de Blanco, es una bella obra compuesta bajo un aura melancólica que pareciera narrar una infancia muy lejana en el tiempo. Una Lula totalmente desgarrada canta: “El futuro y la memoria/ Van pisando nuestros pasos /Nada queda más que espacio y/ Vuelvo a mi”. Un bajo ultra funky marca la entrada de El Balcón. Mientras Brenda y sus cuatro cuerdas se encargan de marcar el frenético impulso que lleva adelante a la banda, Lula frasea al ritmo de “En este ritual de poseer/Hay que bailar para tener”. De esta forma los Eruca hacen saltar al carnívoro pogo ubicado contra la valla de seguridad.

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Una intro marcada por un bajo nuevamente protagonista, pero esta vez bien metalero  hace saltar a todo el público, que ya sabe lo que se aproxima: Magoo, una de las canciones más representativas de la banda, y el gran hit que podemos encontrar en ES, su segundo álbum de estudio. Luego de escuchar los clásicos de discos anteriores como Quemas y Para Nadie, se aproxima el bis final que cerrará tan eléctrico show: Desdobla.  Sin dudas la canción más poguera de la banda, con un frenético ritmo  a pura velocidad, con una Lula totalmente sacada que exige  a los cuatro vientos:  / Para hacerlo a mi manera”.

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Tres y veinte de la madrugada. Luego de finalizado el show, los muchachos se acercan al público y hacen la típica reverencia de despedida y, antes de retirarse, se disponen a regalar sus púas y palillos. A Gabriel le llegué a gritar “Tirame un palo, Gabi”, a lo que me revolea uno de sus DT Music, el cual es atajado por un pibe que estaba justo delante de mí. “En otra será”, me dije a mí mismo y a Martín, quien estaba más contento que un nene en una juguetería, con sus más de cien fotos capturadas.

El público, más que satisfecho, comienza a desaparecer del Independiente, y entre esa marea de gente no faltamos nosotros. Luego de una noche a puro rock en la que no faltó nada, nos disponemos a marcharnos a casa, pero sin olvidarnos que siempre va a haber otro mundo fuera o más allá...

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No te pierdas la galería de fotos del show de Eruca Sativa en Peteco´s. Fotos por Martín Ibarra.

Esclavos del Séptimo: La tradición del Blues persiste.

 Cuatro jóvenes de Luis Guillón y Monte Grande se encargan de mantener  vivo al Blues en lo profundo del Conurbano.

En un café de Monte Grande, bajo un ambiente sobrio  y con aires que remontan a esa esencia tanguera de principios del siglo XX que hoy se hermana con el Blues, me encuentro con  los muchachos de Esclavos del Séptimo: Damián Suarez (voz y segunda y guitarra), Nicolás -Rober- Roberto (primer guitarra y coros), Diego Azario (Bajo) y Lucas -Toto- Di Biase (Batería). Estamos sentados  tomando algo y hablando sobre sus próximos ensayos, de cara al concierto que darán el viernes 7 de septiembre en El Viejo Correo, en la localidad de Temperley.

Damián, Diego, Toto y Rober.

 ¿Cuándo y cómo nace Esclavos del Séptimo?

La banda  – cuenta Damián- comenzó cuando todos estábamos en la secundaria, a principios de 2008. Unos amigos míos que eran hermanos  tuvieron la idea de armar un grupo, y me llamaron para tocar la guitarra. Como nos faltaba un baterista, le ofrecí  el puesto  a Toto, el aceptó enseguida  y empezamos a tocar. Seis meses más tarde, los hermanos deciden irse,  dejándonos a la deriva. Nos faltaba conseguir a otro guitarrista y a un bajista. Había un guitarrista más en la secundaria, pero no nos llevábamos con él, aunque sabíamos  de sus gustos musicales. Así que un día pensé en él y le dije a Toto: “digámosle a Rober” (por Nicolás Roberto). Lo llamamos para la audición, vino y dijo “Miren que no se tocar muchos solos,  se éste nada más”. Me acuerdo que lo dijo como si no supiera tocar bien. Luego, agarró la guitarra ¡y se  puso a tocar perfectamente  el solo de Stairway To Heaven! (risas). En ese momento  yo estaba aprendiendo guitarra con un profesor que era muy blusero, sus gustos musicales me influenciaron  al toque, ahí es cuando le recomiendo este profe a Rober, y el tampoco  tardó mucho en inspirarse en Ariel, el profesor. Aún nos faltaba un bajista, fue entonces cuando decidimos llamar a un amigo que nos venía a ver siempre a los ensayos, Diego. Al momento de tocar, a Rober y a mí lo primero que nos salía era Blues, gracias a la influencia de Ariel, y como Diego y Toto sabían tocar este estilo dijimos, “Listo, hagamos Blues”.

¿Cómo surge el nombre de la banda?

Un día, -dice Toto-  estábamos en mi casa, y le dije a Damián: “Pensemos en un nombre que tenga que ver con el Blues”.  Se sabe que la séptima nota del acorde de una canción es la que produce que dicha obra suene a Blues. Entonces, el concepto “séptimo” vendría a ser sinónimo de Blues. El tema de “Esclavos” tiene que ver con los esclavos africanos que migraron a Estados Unidos durante el siglo XIX, los cuales, mezclaban su canto triste y melancólico con ritmos provenientes de su tierra. Además, Diego comenta que el nombre también les sirve para expresar su fidelidad hacia este género fundacional, “somos esclavos del blues”.

¿Cuáles son sus influencias más grandes?

Sin duda, – explica Diego-  nuestra influencia nacional más importante es Pappo. Me acuerdo que al principio, en los shows, parecíamos una banda tributo al Carpo (risas). También nos gustan Eric Clapton, B.B. King, Jimi Hendrix, The Beatles y Spinetta.

El 7 de septiembre se están presentando en el Viejo Correo, ¿Cómo se están preparando para el show?

Nos venimos preparando a full, -cuenta Rober- todavía nos quedan dos ensayos más. La idea es ir  adelantando lo que será nuestro primer disco, que saldrá a fin de año. Nos encanta tocar en vivo, el público casi siempre nos pide más temas. A veces hasta tocamos algún rock and roll y la gente se copa y se pone a bailar.  Nos gusta que reine la buena onda en los shows, que la gente  nos pueda escuchar mientras  se toman una birra.

 Franzil

Fotos: Wendy Miller