Entrevista exclusiva a Mostruo!: “El under es una condición de facto”

   El grupo conformado por Kubilai Medina, Lucas Finocchi, Gabriel Ricci y Luciano Mutinelli celebra diez años de vida con el lanzamiento de Profunda Desorganización, su nuevo disco de estudio. Yo Soy la Morsa se tomó la costera y cayó en la Ciudad de las Diagonales para ver qué onda con una de las deidades más adoradas del under platense.

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Lanzado hace menos de un mes, Profunda Desorganización es un salto de calidad en la discografía de una banda que viene labrando su década ganada a base de quemar las suelas al costado de Camino General Belgrano. A este nuevo disco – que viene a desarmar la trilogía compuesta por Grosso (2007), La Nueva Gran Cosa (2009) y Perfecto (2011) – sus miembros lo definen como su álbum más maduro, mientras que los medios especializados que pululan por la sinergia de la red se afanan en subrayar el carácter “existencial” del mismo. “Quizás sea un disco en el que vayamos mas al hueso en algunas cuestiones, y estemos menos miedosos de decir que somos una manga de neuróticos fallados preguntándose cómo seguir con el día a día”, se paran de mano sus integrantes, ponderando quizás inconscientemente el mismo método que los llevó a hacerse un nombre en el circuito musical independiente: perder el miedo.

Una de las particularidades interesantes de Mostruo! es que esa relación con la independencia artística no devino en la tan saturada dependencia estética del sonido indie (copias de mala muerte de El Mató a un Policía Motorizado no escasean, precisamente). En cambio, en el repertorio de la banda no falta ni funk, ni r&b ni blues, todas negras todas que bailan al compás del rock/pop -sí, en ese orden- que conforma el núcleo duro (Ricci y Mutinelli es igual a bajo y batería) de las composiciones, y que llevan la estampa vocal de Medina y Finocchi: “A todos nos gusta la música que no dependa de una estética sino de su contenido. Por eso las canciones mandan por sobre los géneros”, sueltan cabos.

ENTREVISTA

   – ¿Cuándo y bajo qué circunstancias se formó Mostruo!?

– Era octubre de 2004 y llegaba el verano. Kubilai tenía una pelopincho y una batería en su casa. Hacía poco se había desarmado la banda que compartían con Luciano y algo había que hacer. Entre la efervescencia de la primavera/verano, las cervezas y asados en el fondo de la casa y la energía que produjo el encuentro de personalidades tan distintas, no podía pasar otra cosa que crear un monstruo. Tan así fue que en marzo de 2005 fuimos al estudio de un amigo y grabamos “Corto” (su primer ep), antes de tocar por primera vez en vivo.

 – ¿Cuáles son sus músicos y estilos favoritos?

– A todos nos gusta la música que no dependa de una estética sino de su contenido. Por eso las canciones mandan por sobre los géneros. Ahí están los obvios, de acá y de allá, desde los Beatles a Spinetta. Por ahí en Wilco se puede encontrar el punto más cercano en gustos, y es algo que aún existe. Lo cual no implica que queramos ser Wilco, pese a que en vivo tocamos “I Hate it here”. Quien nos escuche también puede sacar como conclusión que estilísticamente no estamos limitados. Todo está al servicio de lo que la canción pida. Así como también hay canciones al servicio de lo que queremos tocar.

 – Hablando de ese tipo de límites, lograron trascender en la escena under sin la necesidad de magnetizarse al sonido característico del indie ¿Cómo lo lograron?

– Bueno, el under es una condición de facto… La trascendencia se da por el valor que obtenga la obra. Nosotros no elegimos el under, tampoco elegimos el “mainstream”. En estos tiempos, donde no hay industria discográfica para motorizar la difusión, pasar de 200 a 1000 personas es cada vez más difícil. Dando ese salto, es posible trascender a la ciudad y hacer sustentable a la banda, paso previo indispensable para ser un grupo conocido. Pero no fue el objetivo de la banda pertenecer a priori a ninguna movida.

Con respecto al sonido indie, es más una generalización que suele hacer la prensa especializada. Siempre nos resultó extraño el combo al que nos ataron cuando arrancamos, éramos todos muy distintos y lo seguimos siendo. Hay una generación que le perdió el miedo a la exposición, y entonces salieron cantantes y guitarristas que mucho no afinaban pero grabaron igual, y eso es una condición general del arte, arriesgarse. Pero creemos que tuvo mas que ver con el atrevimiento que con una búsqueda estética, después de eso vino mucha gente a copiar la forma y ahí ya los resultados son mas discutibles, como pasa muchas veces acá, con las copias de Los Redondos.

Nosotros tenemos el sueño de sonar siempre mejor y cada vez más cerca de los discos que admiramos, como “Sky blue sky” (Wilko) o “Marquee moon” (Television). Laburamos mucho para lograr eso en los discos, no hay mucho más que eso.

 – ¿Creyeron alguna vez que esta variedad sonora podía devenir en disminución de audiencia al no estar encasillados en un solo estilo?

– Por lo dicho antes, creo que queda claro que la banda no calcula mucho sus pasos. Porque también nos cuesta distinguir las “escenas”, tendencias y públicos. A nosotros nos mueve las ganas de tocar, de grabar y de hacer shows. Cuanta más gente haya, mejor. Pero nos cuesta darle lugar a un manager, o a alguien que tenga un plan. Y sí, son necesarios, pero al mismo tiempo la libertad de hacer lo que hacemos como queremos es de difícil negociación… Por no decir imposible. Rogamos por alguien que nos diga dónde y cómo ir, pero como no lo encontramos, seguimos así… en modo Mostruo!.

Foto: Fernando Massobrio

Foto: Fernando Massobrio

 – ¿Qué representa para ustedes la escena platense?

– La Plata es una ciudad atípica en el sentido de que ha construido público. Y eso es genial. No hay shows vacíos, y menos para un grupo de bandas que tienen ya su tiempo, aunque hay una especie de Primera A, B y C, con ascensos y descensos. Y con leer cualquier publicación dedicada al rock uno se va a encontrar con buenos shows cada fin de semana. Quizás en los últimos tiempos haya algo más de atención por parte de quienes buscan negocio y los políticos, pero – como siempre – tarde, torpe e ineficazmente. Hace falta consolidar la escena, pero no se nos ocurre cómo… Mientras tanto, para nosotros es la ciudad en la que podemos hacer 20 recitales en un año y en todos ellos hay público cantando las canciones. Es algo medio idílico, soñado en algún punto.

 – ¿Qué es lo que no falta en un show de Mostruo!?

– En La Plata, gente. Y en cualquier show, cuatro tipos tocando seguros de por qué lo hacen disfrutándolo mucho. Mostruo! en vivo potencia lo que se grabó.

en vivo

Captura del show del pasado 15 de diciembre en el teatro Orlando Goñi, Capital Federal.

 

   – ¿Es “Profunda Desorganización” un disco con mayor producción que los anteriores?

– Se puede decir que es el disco de la madurez. Ya no hay guiños atacando las poses del rock, ni tanta ironía… Desde lo musical, hay una evolución que busca que la canción llegue a su mejor expresión, además de dejar actuar a Alfredo Calvelo, quien siempre nos grabó, pero que esta vez le cedimos la producción artística. Y eso un poco nos sacó el peso de decidir todo y aceptar ideas que no hubiésemos aceptado de nosotros mismos. Además, en lo concreto hubo más laburo: trabajamos mucho más los arreglos, mangueamos instrumentos, pensamos más los coros, y nos comprometimos de otra manera. Está buenísimo si se nota, porque esa era la búsqueda, que sea un volantazo a otra cosa a partir de un salto de calidad.

 – En más de un sitio leí que este es su disco más “existencial”. ¿Qué opinan de esta caracterización?
– En este disco hay más canciones en los que la letra es la protagonista y la banda le puso la ropa… Quizás al tener más producción también sumó algo de maquillaje y photoshop. Quizás sea Profunda Desorganización un disco en el que vayamos más al hueso en algunas cuestiones, y estemos menos miedosos de decir que somos una manga de neuróticos fallados preguntándose cómo seguir con el día a día.

 – ¿Qué tan influyente es para ustedes el primer rock argentino? ¿Creen que se lo valora lo suficiente en la actualidad?

– En el caso nuestro, por edades y también por cuestiones familiares siempre estuvo presente (Kubilai es hijo del bajista de Manal Alejandro Medina, leyenda viva del rock fundacional argento) pero no se piensa en eso en el momento de hacer algo… Es más inconsciente, además de ir en el ADN. Y sí que se lo valora, siempre salen películas y documentales que así lo demuestran. Es cierto que no hay un Edelmiro Molinari en el Personal Fest, y suena raro pensarlo, pero cuando ves el line up de un festival inglés y aparece uno de los Kinks nadie dice nada, es triste pero es parte de nuestra cultura ir desechando las cosas, también es cierto que el que no cambia se muere y somos muy crueles para hacerlo notar.

 – Por último, ¿Qué opinan de la escena musical que hoy predomina en el rock local?

– Vemos una escena independiente que tiene para todos los gustos, y que cada vez suena mejor. Hay de todo, basta recorrer Bandcamp o escuchar radios como Universidad o Provincia en La Plata para darte cuenta de que es un gran momento para la música argentina en general, solo que la industria no lo ve o no le rinde ir a buscar algo nuevo y apoyarlo. En el mainstream sin Cerati y El Flaco, hemos quedado huérfanos de esos tipos que te hacían pensar, que como compositores eran infalibles, que estaban por encima de la media. Las bandas que se consideran hoy como líderes, lo son y hay mucha gente que las sigue pero no hay un cantante que te mueva el corazón o un guitarrista que destrabe algo, y son fórmulas que ya cumplen décadas. Ojalá en algún momento algún sello grande se arriesgue un poco y apueste a un proyecto no tan literal… Hay que ver también si como público somos capaces de aceptarlo.

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Foto: Fernando Massobrio

 

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Esclavos del Séptimo: La tradición del Blues persiste.

 Cuatro jóvenes de Luis Guillón y Monte Grande se encargan de mantener  vivo al Blues en lo profundo del Conurbano.

En un café de Monte Grande, bajo un ambiente sobrio  y con aires que remontan a esa esencia tanguera de principios del siglo XX que hoy se hermana con el Blues, me encuentro con  los muchachos de Esclavos del Séptimo: Damián Suarez (voz y segunda y guitarra), Nicolás -Rober- Roberto (primer guitarra y coros), Diego Azario (Bajo) y Lucas -Toto- Di Biase (Batería). Estamos sentados  tomando algo y hablando sobre sus próximos ensayos, de cara al concierto que darán el viernes 7 de septiembre en El Viejo Correo, en la localidad de Temperley.

Damián, Diego, Toto y Rober.

 ¿Cuándo y cómo nace Esclavos del Séptimo?

La banda  – cuenta Damián- comenzó cuando todos estábamos en la secundaria, a principios de 2008. Unos amigos míos que eran hermanos  tuvieron la idea de armar un grupo, y me llamaron para tocar la guitarra. Como nos faltaba un baterista, le ofrecí  el puesto  a Toto, el aceptó enseguida  y empezamos a tocar. Seis meses más tarde, los hermanos deciden irse,  dejándonos a la deriva. Nos faltaba conseguir a otro guitarrista y a un bajista. Había un guitarrista más en la secundaria, pero no nos llevábamos con él, aunque sabíamos  de sus gustos musicales. Así que un día pensé en él y le dije a Toto: “digámosle a Rober” (por Nicolás Roberto). Lo llamamos para la audición, vino y dijo “Miren que no se tocar muchos solos,  se éste nada más”. Me acuerdo que lo dijo como si no supiera tocar bien. Luego, agarró la guitarra ¡y se  puso a tocar perfectamente  el solo de Stairway To Heaven! (risas). En ese momento  yo estaba aprendiendo guitarra con un profesor que era muy blusero, sus gustos musicales me influenciaron  al toque, ahí es cuando le recomiendo este profe a Rober, y el tampoco  tardó mucho en inspirarse en Ariel, el profesor. Aún nos faltaba un bajista, fue entonces cuando decidimos llamar a un amigo que nos venía a ver siempre a los ensayos, Diego. Al momento de tocar, a Rober y a mí lo primero que nos salía era Blues, gracias a la influencia de Ariel, y como Diego y Toto sabían tocar este estilo dijimos, “Listo, hagamos Blues”.

¿Cómo surge el nombre de la banda?

Un día, -dice Toto-  estábamos en mi casa, y le dije a Damián: “Pensemos en un nombre que tenga que ver con el Blues”.  Se sabe que la séptima nota del acorde de una canción es la que produce que dicha obra suene a Blues. Entonces, el concepto “séptimo” vendría a ser sinónimo de Blues. El tema de “Esclavos” tiene que ver con los esclavos africanos que migraron a Estados Unidos durante el siglo XIX, los cuales, mezclaban su canto triste y melancólico con ritmos provenientes de su tierra. Además, Diego comenta que el nombre también les sirve para expresar su fidelidad hacia este género fundacional, “somos esclavos del blues”.

¿Cuáles son sus influencias más grandes?

Sin duda, – explica Diego-  nuestra influencia nacional más importante es Pappo. Me acuerdo que al principio, en los shows, parecíamos una banda tributo al Carpo (risas). También nos gustan Eric Clapton, B.B. King, Jimi Hendrix, The Beatles y Spinetta.

El 7 de septiembre se están presentando en el Viejo Correo, ¿Cómo se están preparando para el show?

Nos venimos preparando a full, -cuenta Rober- todavía nos quedan dos ensayos más. La idea es ir  adelantando lo que será nuestro primer disco, que saldrá a fin de año. Nos encanta tocar en vivo, el público casi siempre nos pide más temas. A veces hasta tocamos algún rock and roll y la gente se copa y se pone a bailar.  Nos gusta que reine la buena onda en los shows, que la gente  nos pueda escuchar mientras  se toman una birra.

 Franzil

Fotos: Wendy Miller