Entrevista exclusiva a Sebastián Basalo, director de la revista thc.

Nota publicada originalmente en el Suplemento Cultural Yo Soy la Morsa

Nota publicada originalmente en el Suplemento Cultural Yo Soy la Morsa

Es un martes de noviembre cualquiera y, apegado al portero eléctrico del edificio en donde se encuentra la redacción de la primer y única revista argentina sobre la cultura canábica, aún no me decido ante la tumultuosa cantidad de timbres correspondientes a cada una de esas cuasi infinitas combinaciones entre letras y números que  significa vivir en la superpoblada  Ciudad de Buenos Aires.  Aturdido ante la imposibilidad de recordar la combinación entre piso y departamento que Sebastián me indicó por mail para poder llegar a la redacción, me veo ante la triste decisión de volver al sur sin nada entre las manos. Doy media vuelta y ahí aparece él: La misma cara que conocemos de tantos debates televisivos a los que fue invitado, y los que en muchos de ellos fue maltratado por su condición de librepensador. Mucho más que una simple cara visible de la lucha por la despenalización de la marihuana en Argentina, Sebastián Basalo per se es una gran fuente de información y uno de los fomentadores de los argumentos más serios a la hora de concebir a la prohibición de sustancias como uno de los males de esta época. 

Sebastián me saluda  cordialmente y abre la puerta del edificio, aniquilando de esa manera todo tipo de frustración ante la idea de que esta entrevista se vería frustrada ante mi mala memoria. Subimos las escaleras hasta el segundo piso, recorremos el pasillo hasta su desemboque final. Una puerta se abre lentamente y en un abrir y cerrar de ojos estamos en el hall de la redacción. Fotos de diversos íconos de la cultura popular adornan las paredes a  modo de paisaje. Podemos ver a un Cortázar en escala de grises con su clásica mirada parca y seria, pero afortunadamente para mis ojos una suerte de churro clavado entre los labios en clave 3D lo vuelve más simpático. Continuamos por el pasillo interno de la redacción e instantáneamente accedemos a la oficina de Sebastián.  Vemos papelillos, filtros, y un envase de tabaco Richmond sobre el escritorio. El entrevistado en cuestión se sienta y sus manos se disponen apaciblemente a armar un cigarrillo.   De repente, El micrófono se enciende y el humo se disipa: Luz, cámara, ¡Faso!

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¿En qué época y bajo qué necesidades se vieron implicados en el surgimiento de una publicación en torno a  la cultura canábica?

La idea de publicar THC surge a comienzos de 2006, a partir de la inquietud de un grupo de personas que veníamos de diversas aéreas de conocimientos, como las ciencias políticas, la comunicación, el arte y la ingeniería, y que teníamos en común nuestro amor por la planta de marihuana. Eso quizás fue un punto de unión, y partir de ahí nació la inquietud de que como usuarios de marihuana y otro tipos de sustancias ligadas la ilegalidad  teníamos un gran problema: que es el de no disponer de suficiente información a la hora de consumir drogas, ya sean legales o ilegales, y la diferencia entre que una sustancia te cure o te mate.  Un pequeño ejemplo: Los griegos utilizaban el mismo término: “pharmakon”, para referirse a un remedio pero también para hablar del veneno, porque la misma sustancia podía servir para curar o matar, dependiendo de la dosis y del modo en que se administrara.  Es decir, la información en el caso del uso de sustancias es la bisagra entre la vida y la muerte. Las drogas de por sí no matan, uno se mata cuando hace un consumo no informado de determinadas sustancias. Entonces, a partir de la necesidad de que exista esta información por un lado, sumado a toda esta cultura que veníamos observando que existía y existe en relación a la marihuana, la cual es innegable y que justificaron la existencia y expansión de THC en estos siete años. Esto nos demuestra que  hay una fenomenología alrededor de la marihuana: Existe una serie de fenómenos que no se dan a partir de la mayoría de sustancias de uso legal, y que tienen que ver con una cuestión de cohesión social, de nucleamiento social. La marihuana gener, por ejemplo, que  alguien que se prendió un porro en una plaza se relacione causalmente con dos o tres personas que pasaron por ahí, con las cuales jamás se hubieran relacionado bajo otras circunstancias. Personas quizás de gustos musicales distintos, vestidos de otra manera y quizás de hasta ideología diferente. Estas personas se juntaron y compartieron un porro, y charlaron de un montón de cosas, de las cuales quizás se olvidaron un rato después, pero que el factor de que el porro actúe como núcleo de un grupo de personas, es innegable. Un ejemplo similar fue el que ocurrió con el mate en la época colonial en Sudamérica y por eso se prohibió, porque el mate lo que genera es esto (destapa el termo, ceba un mate y me lo pasa)  que nos reunamos en torno a él mientras charlamos sobre un montón de cosas. Volviendo a las razones por las cuales fundamos THC, también lo hicimos por  la creencia firme de que el autocultivo es por lejos la herramienta más eficaz que tenemos los usuarios de marihuana de terminar con el narcotráfico, el cual detestamos y con el cual estamos totalmente en contra de lo que genera, ya sea desde muertes, violencia y hasta corrupción estatal. Para autocultivar no hay que pedirle permiso al Estado, lo que no significa que no dejes de reclamarle al estado todos los años en marchas cada vez más grades que te reconozca ese derecho a usar la marihuana para diversos fines y para cultivarla. Pero además el autocultivo es un acto de desobediencia civil que no requiere de tener que pedirle de rodillas nada al estado, lo podés hacer hoy si querés, con lo cual enseñarle a la gente a cultivar marihuana es una herramienta de lucha, es una bandera. Entonces podríamos reunir que bajo la necesidad de información, junto a la función que creíamos necesaria de la publicación como base del nucleamiento de lo que entendemos por cultura canábica, y con la cuestión del autocultivo como bandera de lucha contra el narcotráfico, de algún modo podemos explicar del nacimiento de THC, allá por 2006 en la copa del Plata, ahí fue donde nos conocimos.

Además de estas acciones que mencionaste, ¿En qué medidas creés que la revista ayuda en la lucha social por la despenalización?

En la inserción en el debate público en torno a la necesidad de cambios en la política de drogas, postura que adoptó la revista desde su nacimiento hasta esta  parte, pero que no hace a la revista en sí como mensaje. Es decir, de manera paralela a la revista,  desarrollamos diversas actividades: Como el habernos cargado la organización de la Marcha Mundial de la Marihuana en Argentina desde hace seis años, cuando nadie la estaba organizando. Además participamos activamente de la discusión en el congreso: tenemos reuniones casi semanales con distintos diputados para explicarles y ponerles la información sobre la mesa para que al menos puedan tomar su decisión de manera informada. Hemos participado desde el congreso cuando junto a Victoria Donda se nos invitó a colaborar para elaborar el proyecto de ley que terminaba con la criminalización de los usuarios de drogas y a los cultivadores, el cual posibilitó el surgimiento de un consenso por parte de las tres fuerzas políticas mayoritarias del país, confluyendo así  en un texto que si bien no era el ideal que elaboramos con Donda sí contaba con las herramientas suficientes para acabar con la criminalización y que hoy está congelado en el congreso. Además, solemos participar de cuanto debate televiso y radial se nos invite, siempre con respeto e información. También llevamos dadas más de ochenta charlas a lo largo del país. Como te decía, estas actividades forman parte de canales paralelos que abrimos a la revista para llevar a delante como lucha pero que no hacen a la revista en sí.

La marihuana, como toda sustancia prohibida, también se la considera como un gran tabú en la sociedad.  ¿Creés que el factor de la prohibición determine el consumo en muchos individuos?

Por supuesto. Nunca antes se consumieron tantas drogas como ahora, y la prohibición genera deseo, lo dijo Freud hace casi cien años, y se terminó de comprobar con todas las sustancias que se condenaron a la ilegalidad, incluso con el alcohol y la famosa Ley Seca de los años veinte. Los factores a la hora de consumir drogas ilegales no están dados por los efectos que la sustancia pueda dar, las razones que determinan el consumo en su mayoría están dadas por toda la carga simbólica que el usuario le pone a la sustancia producto de la ilegalidad y del imaginario que eso genera en el sujeto: El querer convertirse en eso que la sociedad dice que se convierten las personas que consumen determinada sustancia. Estos factores determinan ampliando los niveles de consumo y de manera negativa: empeorando la calidad de salud de las personas.  La ilegalidad de las drogas nos prohíbe saber quiénes las producen y de qué manera se producen, por lo cual, dicha ilegalidad aumenta el consumo y aumenta los daños asociados a ese consumo.

¿Cuáles son los negocios de la prohibición?

Son muchísimos. La prohibición genera negocios a través de la recaudación de las sustancias prohibidas, dinero a la vez que se multiplica producto de la ilegalidad en  la que es recaudado, a través del lavado de dinero, y que además es utilizado para financiar campañas políticas, para el crecimiento de mafias paraestatales. A su vez, se generan negocios paralelos  a partir de la criminalización de los usuarios por parte de las fuerzas policiales, para poder tapar con estadísticas  el trabajo que no hacen,  y en un país como este en donde la policía no convive con el narcotráfico de un modo corrupto, sino que directamente lo organiza y lo controla. Esto genera el desastre que estamos viviendo hoy en día: Tener criminalizado el consumo le permite a esa misma policía que maneja el negocio el poder tapar con una cortina de humo dicho negocio deteniendo masivamente a usuarios que entran por ley a la infracción de la Ley de Drogas, entonces, a partir de las estadísticas muestran como supuestamente trabajan en contra del narcotráfico, con mega operativos, pero lo curioso es que si se investiga al respecto, descubrís que de las aproximadamente  doce mil causas anuales elaboradas por la policía por infracción a dicha ley, el 70% de los detenidos demuestran ser tenedores o cultivadores, y solo el 3% son por comercio: tres de cada cien causas.  Esto a su vez genera el negocio de la internación compulsiva a la que se ven sometidos estos usuarios: Cuando estos ocho mil usuarios anuales que demuestran ser tenedores, para quedar en libertad, se les ofrece un tratamiento de rehabilitación forzoso, entonces se suman ocho mil clientes por año a pagar durante varios años un tratamiento en instituciones privadas, que se viene haciendo una fiesta desde los noventas. Y esto ocurre solo a nivel local, ni hablemos del narcotráfico con fines de exportación, donde no se trata con la policía, directamente  estamos hablando de acuerdos casi gubernamentales, donde la corrupción se lleva a cabo a nivel cuasi estatal.

 

¿Qué beneficios traería la despenalización?

Despenalizar produciría poder romper con esta cortina de humo, es decir, si bien no va a garantizar necesariamente que la policía persiga de mejor manera al narcotráfico, pero si es que  intenta seguir manteniendo ese sistema el cual regula y controla, ya no podrá taparlo. Al dejar de considerar como delito la tenencia y el cultivo, se le reduce el margen de acción a la policía con los casos de comercio, con lo cual van a tener que buscar una prueba de comercio sí o sí antes de detener a alguien, lo cual significaría que todas las personas que irían detenidas entrarían por una prueba de comercio, con lo cual eso aseguraría casi el 100% de la efectividad en el trabajo de los jueces, ya que no tendrían que trabajar buscando una prueba, ni el usuario tendría que demostrar su inocencia, porque encima sucede eso en la actualidad: la Ley de Drogas es la única ley en la Argentina en la cual se presume culpable al detenido hasta que se demuestre lo contrario: Es la única ley que libera al Estado de trabajar para demostrar culpabilidad, es el sujeto quien debe demostrar su inocencia, y esto viola los principios elementales de la Constitución.

 

¿Qué opinás acerca del proyecto de ley despenalizador en Uruguay?

El caso de Uruguay es único en el mundo: El propio Estado va a regular el acceso a la marihuana. En Uruguay no se criminaliza la tenencia ni el cultivo, ya que fue el único país latinoamericano que adhirió a las políticas prohibicionista aplicadas por el gobierno norteamericano allá por fines de los ochenta. Prácticamente allá no existe la concepción de que porque un individuo consuma una droga determinada tenga que ir preso, entonces decidieron responder a un interrogante fundamental: Si, yo tengo derecho a consumir esa sustancia, ¿cómo lo hago sin incurrir al delito?

La ley de despenalización del cannabis implica la participación de un Estado que regula la forma en que la persona que tiene derecho a consumir marihuana pueda acceder a dicha sustancia. Regulando el acceso se soluciona el principal problema de salud que tienen los usuarios que es la adulteración de la sustancia al ingresar en el mercado negro. Además, estamos hablando de un país en el que se viene aplicando un modelo de sustitución de sustancias en el cual médicos abalan para el tratamiento de los adictos el reemplazo de las sustancias totalmente nocivas a la que son adictos, como la pasta de cocaína, y  las reemplacen por la marihuana. A su vez, esto hacia que la madre de un pibe que quería dejar de consumir pasta base, se tuviese que enfrentar con un dealer.

Se  desarrolló, a partir del estudio que se hizo en base a la experiencia de diversos países en cuanto a leyes despenalizadoras se tratase,  un modelo tripartito de acceso a la marihuana que va a ser un ejemplo y va a sentar las bases para futuras reformas en el mundo.

¿En qué sentido podemos entenderlo como un modelo tripartito?

 En el sentido de las tres diversas formas que existirán de regular el acceso: De manera individual  a partir del autocultivo, de manera grupal a partir del acceso comunitario permitiendo los clubes sociales de cultivo, que son el camino que ya se vislumbra como la alternativa más eficaz a la prohibición, que no pasa por pasar totalmente al otro lado y entregarle la marihuana servida a  un sistema capitalista que maneja la maximización de beneficios como su principio elemental, y que eso en la comercialización de una sustancia va en detrimento de la salud de las persona, tenemos al tabaco y al alcohol como gran prueba de ello. Los clubes sociales de cultivo es un modelo en el cual no hace falta cambiar ninguna ley para aplicarlo, ya que parte del presupuesto de que si está permitido el consumo, cultivar en grupo para nuestro propio consumo también tiene un fin de personal. Y por último, volviendo al modelo tripartito, la tercera pata es la pata comercial: Si vos no querés formar parte de un club de cultivo, y preferís residir  en el anonimato o no tengas el espacio físico para cultivar en su casa, se permitió el acceso a la marihuana a través de las farmacias, en las cuales se podrán comprar hasta cuarenta gramos por mes. Esa marihuana se venderá a un precio regulado y estipulado por el Estado, y a las empresas que la van a producir se le otorgarán licencias. Aproximadamente cuarenta hectáreas necesita Uruguay para producir la marihuana necesaria para abastecer a la población y se las dividirá en ocho licencias de cinco hectáreas cada una.

¿Entonces podemos entender a este modelo como totalmente innovador?

Por supuesto, el caso uruguayo es histórico: Es la primera vez que un Estado va a avanzar con una regulación completa a través de una ley nacional de un mercado, en este caso el de la marihuana, eso creo que es lo que más hay que destacar de Uruguay, y lo está llevando adelante  yendo en contra de los organismos internacionales, de los intereses creados en torno a mantener el status quo de la prohibición. Quizás el caso de Uruguay sea  la estocada mortal que va a tener la prohibición , en el sentido de que una vez se avance con esto, automáticamente se va a generar un efecto dominó por parte de las demás naciones que se van a dar cuenta de que lo que faltaba era animarse a despenalizar completamente,  porque en el resto de los países lo que existe son aplicaciones a medias: En España, por ejemplo, por la autorización de un tribunal se están implementado los clubes de membrecía, pero dichos fallos son concretos, es decir que  hay clubes que siguen teniendo problemas legales hasta que el tribunal falle a favor de ellos.

¿Y el caso de Holanda?

El caso de Holanda también es parcial. Allá se aplicó el principio de lesividad: el gobierno de turno tiene permitido, sin cambiar una ley, poder elegir con qué tanta severidad se controla a las drogas Con las determinadas drogas “blandas” – así las determinaron ellos- como la marihuana, pueden ser adquiridas en diferentes locales – los famosos coffee shops– pero nunca se estipuló quiénes proveen de marihuana a estos negocios, generando toda una mafia detrás. Algo similar pasó en Estados Unidos con los estados que legalizaron el consumo con fines medicinales. Los negocios facturan y pagan impuestos, ¿pero quiénes les proveen la marihuana a eso locales? Los cultivadores ilegales, la misma mafia que estuvo en contra de los referéndums que se llevaron a cabo con la intención de legalizar el acceso a la marihuana ya no solo para su uso medicinal, sino para todo todo tipo de consumo, al ver  temblar su negocio.

Por último, me parece  importante destacar que en todos los países que pasaron por experiencias despenalizadoras se disminuyó el consumo de droga. Es decir que uno de los principales miedos que trae la despenalización en la sociedad como lo es la expansión del consumo es totalmente falso. No hay un solo país que haya encarado una reforma despenalizadora o legalizadora – bajo estadísticas oficiales de la ONU- que haya aumentado su consumo. Por el contrario, Holanda pasó de ser uno de los países con mayor índice de consumo en Europa a ser el segundo país de menor consumo, en 20 años de aplicación de políticas despenalizadoras, mientras que los mayores índices de consumo se registran en los países que poseen leyes más prohibicionistas.

En el ámbito artístico en general y más que nada en el palo del Rock, a lo largo de los años se ha mitificado y relacionado al consumo de drogas con la inspiración artística, ¿Qué opinás al respecto?

Existen ciertas partes del cerebro -concebidas como las regiones más profundas- que tienen que ver con el pensamiento asociativo, el cual está relacionado con la interpretación que hace la psiquis de la información que recibimos del exterior. Hay una parte que sirve de receptáculo de los estímulos que vos recibimos, otra parte que los transforma en determinados impulsos eléctricos y otra parte que los hace interpretar: Las que están fuertemente relacionadas al hilamiento de ideas. Diversos estudios científicos han demostrado  que uno de los efectos que produce la marihuana en la mente humana es que modifica los patrones asociativos de ideas que se tienen y esto permite una conexión más libre y azarosa de esas ideas, lo cual puede ser sumamente útil a la hora de un momento creativo, en cuanto te permite romper con ese patrón de asociación de ideas que tenés normalmente y configurar otro patrón que te permita ampliar las posibilidades que tenés a la hora de componer un tema, por ejemplo. Aunque  esto no signifique  que la marihuana te vuelva más creativo, sino que  permite hilar los pensamientos de un modo diferente. Ahora, fumar te puede ser muy contraproducente a la hora de rendir un parcial, o a la hora de tener que realizar un laburo que exige que esos patrones normales de asociación de ideas se cumplan. Además, el consumo produce una pérdida de memoria a corto plazo. La marihuana actúa sobre determinados receptores del cerebro que tiene que ver con la fijación de la memoria, con lo cual mientras duran los efectos además de no asociar las ideas de un modo del todo racional, te dificulta más fijar esas ideas. Por eso depende del uso que le des a la marihuana que eso te pueda afectar más o menos negativamente: Si vos fumás marihuana antes de ir al colegio te va a ir mal. Seguramente si la usás para escuchar un tema y ver qué otras cosas te produce en el cuerpo y cómo  amplió eso tu pensamiento te puede llegar a ir bien, en cuanto a los objetivos que vos tenías, no digo que bien por una categorización moral mía. Digo, todos nos fumamos un porro antes de ir al colegio, no vengo a dar una lección de paternalismo (risas), pero a mí me hubiese encantado que alguien me hubiese dicho: “Che, loco no te mata fumar marihuana, pero no está bueno que la fumes antes de ir al colegio, en todo caso si ya elegiste fumarla por qué no te planteás hacerlo un fin de semana, por qué no te planteás otro tipo de modalidades si es que no querés dejar de consumirla”, a mí me hubiese sido mucho más útil que me hubiesen dicho eso antes de que recurran a la típica  “la marihuana mata, la cocaína mata y el paco también”. Porque si generalizamos todo entra en la misma bolsa, y cuando me di cuenta de que la marihuana no me mató y lo único que hizo fue hacerme cagar de risa un rato, digo: “Ah, entonces si me mintieron con esto también me mintieron con la cocaína y el paco, si total todo es lo mismo”, y es ahí cuando te presentás ante un problema severo, que tiene que ver con lo que hablábamos de las consecuencias de la prohibición: El de generar los mismos males que se dice querer combatir. Decimos “todas las drogas son malas” y hacemos que un montón de gente acceda a sustancias a las cuales no hubiese accedido jamás si les hubiésemos explicado que no todas las drogas son lo mismo. Por eso creemos que no existe libre elección sin libre acceso a la información.

Por eso desde THC concebimos a la información como un derecho social y no como una mercancía: es una herramienta de lucha. Vos informado tenés mucha más capacidad para poder enfrentarte a las cosas que considerás injustas y que te están  haciendo mal a vos y a la sociedad.

@DrFranzzo

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